Para el Jefe de endoscopía de la Trinidad: “Los errores no deben ser sinónimo de culpa”

El encargado de Neumonología y Endoscopía Respiratoria del Sanatorio de La Trinidad Palermo, Héctor Defranchi, aseguró hoy que “si hubo errores” durante el estudio en el que murió la legisladora porteña y periodista Débora Pérez Volpin, “no deben ser sinónimos de culpa”.
Defranchi publicó una carta de lectores en el diario La Nación para criticar las versiones que circularon y “solidarizarse” con los profesionales que actuaron en el procedimiento.

“Hemos escuchado a través de los medios todo tipo de especulaciones, la mayoría producto de la impotencia frente a la desaparición de la querida compañera. Sin embargo, han abundado las voces descalificantes, sin el mínimo sentido del resguardo de la ética profesional. Los errores, si es que los hubiese habido, no deben ser sinónimos de culpa”, enfatizó.
“Al ser una persona muy querida, talentosa y joven, el impacto en la sociedad fue enorme”, aseguró y recordó que “ningún acto médico está desprovisto de riesgo, por más simple que parezca”.
El 5 de febrero, Pérez Volpin se presentó en La Trinidad porque tenía un dolor abdominal y luego de estudios previos se le indicó una endoscopía para el día siguiente, por lo que permaneció internada.
Durante el procedimiento, la periodista se descompensó y no pudo ser reanimada, por lo que murió a las 18.15 del 6 de febrero.
La explicación de la clínica sobre lo sucedido no conformó a la familia, que inició una causa judicial que tramita en el Juzgado Criminal y Correccional N° 57.
Los días siguientes al deceso se realizaron dos allanamientos en el sanatorio, en los que se secuestró, además de la historia clínica, el endoscopio con el que se realizó el estudio completo con el procesador, CPU y dos sondas, y se pudo determinar que el procedimiento no había sido grabado.

Según la autopsia, “la causa de muerte determinada macroscópicamente fue congestión y edema pulmonar, neumomediastino y neumoperitoneo”.
“La endoscopía digestiva alta tiene riesgos inherentes al mismo procedimiento, imprevistos que sólo los médicos actuantes conocen. El riesgo cero no existe”, afirmó Defranchi en su carta de lectores y agregó que “la muerte inesperada es terrible, perder un ser amado, en las circunstancias que ocurrió, es una tragedia que deja a quien la padeció con sueños incumplidos”.
“Mi mayor solidaridad principalmente para los familiares por la pérdida irreparable, y sin emitir juicio alguno, me solidarizo también con los profesionales actuantes, por haber sufrido ya la condena mediática, previo a la exhaustiva investigación de los hechos, haya o no mediado un error involuntario”, concluyó.
Mientras continúa la investigación judicial por la muerte de Pérez Volpin, los forenses apuntaron la semana pasada que el neumomediastino y el neumoperitoneo “estarían en relación con las maniobras instrumentales endoscópicas practicadas en la vía digestiva, dado el hallazgo de las lesiones descriptas en el esófago y estómago”.
Los resultados no son concluyentes, ya que se esperan los análisis de la anatomía patológica, que estarán disponibles dentro de 20 días.

Este es el texto completo:

Recientemente, la opinión pública y la comunidad se vieron sacudidos por la trágica noticia del fallecimiento inesperado de la señora Débora Pérez Volpin. Al ser una persona muy querida, talentosa y joven, el impacto en la sociedad fue enorme. Recuperar la salud es el propósito último de todo acto médico. Mucho se ha escrito sobre heurística, de cómo actúa el cerebro médico en la toma de decisiones. Sin embargo, muchas deben tomarse en soledad, confiando en el buen criterio y la experiencia de los profesionales. La toma de decisiones es un proceso que no siempre puede esperar y frecuentemente exige conductas rápidas, ya que la vida del paciente depende de esto. El médico no piensa tanto en el diagnóstico, sino en qué procedimientos emplear, porque bien elegidos, el mismo va a llegar, aun no habiendo pensado en él. Primero se piensa y luego se actúa.

Hemos escuchado a través de los medios todo tipo de especulaciones, la mayoría, producto de la impotencia frente a la desaparición de la querida compañera. Sin embargo, han abundado las voces descalificantes, sin el mínimo sentido del resguardo de la ética profesional. Los errores, si es que los hubiese habido no deben ser sinónimos de culpa. No soy ajeno al hecho que de haberse cometido, la consecuencia fue enorme, la pérdida de una vida humana. Los errores de otros jamás deben explotarse para lograr el prestigio propio. Esto ha sido moneda corriente en la mayoría de las declaraciones, y lo más indignante que presenciamos fueron comentarios vertidos por profesionales, que aprovechando toda ocasión para lucimiento personal, y exhibiendo un grado de vedettismo no concordante con la profesión médica, trataron de pasar por expertos calificados, creyéndose dioses y dueños de la verdad absoluta. El error, aunque duela, es respetable, pero el engaño no. El engaño es dañino, es sucio, es engañar para lograr el beneficio propio. Esto es intolerable y muestra una inescrupulosidad aberrante. A los opinólogos de turno, deben saber, que ningún acto médico esta desprovisto de riesgo, por más simple que parezca. La endoscopía digestiva alta, tiene riesgos inherentes al mismo procedimiento, imprevistos que solo los médicos actuantes conocen. El riesgo cero no existe. La muerte inesperada es terrible. Perder un ser amado, en las circunstancias que ocurrió es una tragedia que deja a quien la padeció con sueños incumplidos, que solo pueden valorar en toda su dimensión sus seres queridos. La actuación de parte de la prensa ha sido en general lamentable. Los profesionales médicos, convertidos en estrellas mediáticas, más lamentable todavía, y condenar a alguien sin pruebas es indecente, es culpar sin probar. La opinión pública aterrada. Esto no es ayudar, es dañar y confundir. Infinidad de pacientes no aceptan realizarse una endoscopía digestiva. ¿A quién debemos culpar ahora?

Mi mayor solidaridad principalmente para los familiares por la pérdida irreparable, y sin emitir juicio alguno, me solidarizo también, con los profesionales actuantes, por haber sufrido ya la condena mediática, previo a la exhaustiva investigación de los hechos, haya o no mediado un error involuntario.

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